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18 octubre 2021

¿Por qué sorprende la crisis energética?

¿Acaso no es obvio que estamos planificando o gestionando mal la transición hacia una economía libre de emisiones contaminantes?

El objetivo no es que sea loable, sino absolutamente necesario, pero los tiempos no los marcan solamente las decisiones políticas ya que la disponibilidad de tecnologías adecuadas y la preparación de la sociedad también condicionan la transición energética.

De poco vale poner fecha límite al uso de combustibles fósiles mientras no haya alternativas, porque las fuentes de energía renovables no serán alternativas válidas hasta que no se pueda almacenar la energía eléctrica en cantidades suficientes para asegurar el confort de las personas y el funcionamiento de la economía. 

Los combustibles fósiles satisfacen hoy día más del 80 % de nuestras necesidades energéticas, pero la reducción de esta oferta va a ser más rápida de lo deseable si se amenaza con prohibir el uso del gas a corto plazo, o la venta de vehículos de combustión interna, o aumentan las dificultades para financiar proyectos de exploración y comercialización de hidrocarburos. El objetivo, por ahora no conseguido, es el de acompasar la reducción del uso de combustibles fósiles con la incorporación de fuentes sustitutivas a la matriz energética.

El reequilibrio entre la oferta y la demanda de energía se está fiando a que se puedan gestionar las fuentes energéticas intermitentes como son la eólica, la solar o incluso la hidráulica. Pero, como esto no parece que se vaya a conseguir a muy corto plazo, preparémonos para unos años de energía cara, cuando no de falta de energía. Y para agravar este problema, en países de nuestro entorno se están cerrando centrales nucleares que aportan parte significativa del suministro eléctrico, sin interrupciones, sin emisiones y sin dependencia de la volatilidad de los precios de la energía.

En cuanto a la falta de preparación de la sociedad, quizás sea porque ningún político se ha atrevido a explicar que la transición hacia un futuro energético más limpio y fiable no es gratis, que la transición es cara y que debemos reconsiderar nuestros hábitos de consumo. 

La mejor fuente de energía es la energía que no usamos; la que ahorramos con un buen aislamiento térmico, no usando el coche para trayectos cortos o en ciudad, utilizando electrodomésticos en horas de baja demanda eléctrica, etc. Y esa concienciación no se alcanza sólo con información, sino que puede ser necesaria una política de precios desmotivadora del despilfarro de energía.

Concluiría diciendo que, si grave es el drástico incremento de precios de la energía o la amenaza de su escasez, más grave puede ser que la reacción popular ante esta situación paralizara las necesarias iniciativas políticas para el cambio de modelo energético. Pedro Moraleda


16 septiembre 2021

Factura de electricidad: ¿culpar a las eléctricas o afrontar que la transición no saldrá gratis?


La factura de la luz ha sido un cajón de sastre que, por la inevitabilidad de su pago, ha permitido introducir todo tipo de impuestos y cargas, muchas de estas de carácter político.

El desglose de la factura eléctrica de la mayoría de los usuarios, que son los consumidores domésticos, muestra que sólo un tercio de ella corresponde al coste de generación pagado a las eléctricas; aproximadamente otro tercio son impuestos y, el tercio restante, son cargas como las tarifas de transporte y distribución y otras de marcado carácter político como las compensaciones a energías renovables, a territorios extra peninsulares, a deuda histórica, etc. 

Cuando la presión mediática obliga al gobierno en curso a controlar el precio de la electricidad, la solución fácil, y parece que “populista”, es culpar a las eléctricas y amenazar con recortarles sus márgenes, medida de dudosa legalidad y muy peligrosa a medio plazo por la amenaza que supone a un sector fundamental para la seguridad del suministro eléctrico y que está atado de manos cuando el precio del gas o el de las emisiones de CO2 le vienen impuestos por el mercado internacional. 

Las oposiciones políticas a veces exigen actuar sobre los otros dos tercios de la factura, fundamentalmente sobre los impuestos, pero, que quien está en el gobierno intente gestionar un poquito mejor el gasto público y ahorrarnos impuestos, ni se plantea.

En cualquier caso, algo raro ocurre cuando el precio de la electricidad está subiendo en semejante proporción en todos los países de nuestro entorno y sólo aquí genera tanto desasosiego. ¿No será que en nuestro país ningún dirigente se haya atrevido a decir la verdad por miedo a perder votos: que la transición energética hay que pagarla?

Hay una necesidad indiscutible, aparte de un compromiso político, de evolucionar hacia un sistema eléctrico libre de emisiones, pero, de momento, sólo con fuentes de generación limpias y renovables no se garantiza la seguridad del suministro eléctrico. Hemos visto que cuando no hay viento, que es la principal fuente de generación eléctrica renovable en España, hay que acudir al gas natural o al carbón, materias primas crecientemente penalizadas. ¿Por qué ningún líder se atreve a proponer prolongar la vida de las centrales nucleares existentes que aseguran más de la quinta parte de nuestra generación eléctrica total, sin emisiones nocivas ni dependencias de condiciones meteorológicas ni de la importación de combustibles? Pedro Moraleda

17 agosto 2021

EL PRECIO DE LA LUZ: ¿ES UNA EMPRESA PÚBLICA LA SOLUCIÓN?

El actual y encendido debate sobre el precio de la electricidad se centra en el coste de generación, y por ende en las empresas eléctricas, sin reparar en que este no representa ni la mitad del importe de la factura para la mayoría de los usuarios. El resto son todo tipo de impuestos, coste de redes, subvenciones a renovables, amortización de deuda, ayudas al equilibrio territorial, etc. Aunque parte de estos extra costes son consecuencia del ansia recaudadora del Estado, otros son necesarios para la transición hacia una forma distinta de producir la electricidad y eliminar estos últimos no es lo más recomendable para avanzar hacia esta transición. 

La transición energética va a ser necesariamente compleja y cara pues, mientras no haya sistemas eficientes para el almacenamiento de la electricidad, tendremos que seguir utilizando las llamadas fuentes de energía gestionables, básicamente el carbón el gas y la nuclear, cuyo uso está siendo crecientemente penalizado con diversos tipos de gravámenes y no hay motivos para pensar que una empresa eléctrica pública pueda prescindir de estas fuentes ni estar exenta de estos gravámenes.

Tampoco hay ejemplos de que una empresa pública genere electricidad a menor coste que una privada ni que vaya a ser más eficaz que un mercado plenamente competitivo para limitar los beneficios, supuestamente extraordinarios, de las privadas.
 
Los llamados “beneficios caídos del cielo” es otra crítica que se hace a las eléctricas y consiste en que las tecnologías de generación de menores costes operativos como, por ejemplo, la hidráulica y la nuclear cobran el precio más alto que se fija en la subasta diaria de electricidad, pero esto es consecuencia del sistema marginalista utilizado en la mayoría de los mercados libres y no del carácter público o privado de los competidores. Este sistema marginalista de subastas se está poniendo en cuestión ahora, pero todavía no se ha propuesto mejor alternativa.

Así como el alto precio actual de la electricidad no depende de la propiedad pública o privada de la empresa eléctrica, tampoco es un problema exclusivo de España sino global porque globales son los precios de las materias primas para la generación eléctrica y fruto de acuerdos internacionales el impuesto sobre emisiones. Si hay países que están siendo capaces de contener los precios es porque en el conjunto de las materias primas utilizadas en generación priman las gestionables de bajo coste; por ejemplo, el 95 % de la generación eléctrica en Noruega es de origen hidráulico y el 75 % de la generación en Francia es nuclear. Y si en un mercado interior único de electricidad europeo no podemos aprovechar esa ventaja no es por otra razón que por limitación de capacidad en las conexiones internacionales. 
 
En conclusión, más que una eléctrica pública lo que necesitamos es liderazgo para la transición. Que no se utilice el precio de la electricidad como argumento de crítica entre gobierno y oposición y que ambos se pongan de acuerdo para plantear a la ciudadanía el reto y sacrificios que implica la transición hasta que fuentes de energía limpias, sostenibles y autóctonas se basten para atender nuestras necesidades energéticas. PM.


12 agosto 2021

¿POR QUÉ EN ESPAÑA NO SE VENDEN COCHES ELÉCTRICOS?

 

Una respuesta simple a esta pregunta, y empezando por la conclusión, es que hay que ser rico para comprar un coche eléctrico en España; o, dicho de otro modo, hay que tener una vivienda con garaje propio; pero incluso esto no es condición suficiente dado el escaso número de puntos públicos de recarga de que disponemos.
En cuanto a las ventas de coches puramente eléctricos, el porcentaje de los matriculados en nuestro país de enero a mayo de 2021 no llegó al 2 % , es decir, algo menos de 7.000 vehículos en cinco meses cuando el objetivo del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) es de cinco millones en 2030. O sea que, para alcanzar ese objetivo, la mayor parte de los vehículos que se vendan desde ahora hasta 2030 habrían de ser eléctricos.
Según la Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), estamos a la cola de la movilidad eléctrica en Europa. Incluyendo los híbridos enchufables, el porcentaje de automóviles matriculados en España no llegó al 5 % en 2020, entre los últimos de los países desarrollados y lejos del 10 % de media en nuestros países vecinos o del 20 % de media en los países del norte de Europa.
En cuanto a puntos de recarga públicos, también estamos a la cola de Europa solo por delante de Grecia, con 245 puntos por millón de habitantes y lejos de la media de la Unión Europea de 573 puntos de recarga por millón de habitantes a finales de 2020. Y el problema es que la complejidad administrativa en España hace muy difícil poner en funcionamiento un punto de recarga público en menos de dos años. 
En definitiva, que el coche eléctrico está reservado de momento para ricos, puede que por eso el más vendido hasta ahora en España sea el más alto de gama, y que quizás hubiera que reorientar la política de incentivos para transformar nuestro sector de automoción.  PM


02 julio 2021

LOS ELEMENTOS PARA LA TORMENTA PERFECTA EN EL PRECIO DE LA ELECTRICIDAD


El súbito aumento del precio de la electricidad no sólo ocurre en España, sino que es un fenómeno general con causas muy concretas y aparentemente predecibles tanto en la demanda como en la oferta.
Tras la vuelta a la actividad normal después de más de un año de confinamiento, la demanda de electricidad rebota hasta niveles previos a la pandemia movida por la recuperación industrial y olas de calor sorprendentes en algunas regiones del mundo. Mientras, la oferta no puede responder por limitaciones relativamente repentinas, pero que se intuyen persistentes.
Por una parte, el coste que los generadores de electricidad tienen que pagar por las emisiones de CO2 de las materias primas que utilizan en sus procesos. Ese coste que, en el mercado internacional, estaba en torno a los 15 $ por tonelada de CO2 emitido antes de la pandemia, ahora está en más de 50 $, coste que se suma, también, al precio de la electricidad que ponen en el mercado los generadores que no emiten CO2 (renovables y nucleares) debido al sistema marginalista que rige los precios de la electricidad en los mercados liberalizados.
Por otra parte, el dramático incremento del precio del gas, principal alternativa a la generación renovable, y del crudo. El primero casi se ha duplicado en las últimas semanas sobre el precio medio del año pasado y el segundo ha aumentado en torno al 30%. Las causas no se deben sólo al aumento de la demanda sino a las crecientes dificultades que encuentra las empresas gasistas y petroleras para llevar a cabo sus proyectos y conseguir la confianza de inversores cada día más sensibles al reto medioambiental. 
Si a esto añadimos que las otras alternativas asequibles y gestionables para generar electricidad, el carbón y la energía nuclear, están en tela de juicio (incluso en China), la primera por sus emisiones nocivas y la segunda por seguridad y el monto y plazo de sus inversiones, el resultado es una importante limitación de medios para contener el precio de la electricidad durante el periodo de transición hacia un sistema energético limpio.
Y, como no cabe duda de que esta transición es necesaria y urgente, dispongámonos desde ya a mejorar nuestra eficiencia en el uso de la electricidad, empezando por modular los horarios para su utilización. PM


14 junio 2021

¿ACASO PUEDE SER AHORA LA ELECTRICIDAD MÁS BARATA?


La reciente modificación de las tarifas eléctricas vuelve a disparar el debate sobre el precio de la electricidad, pero la realidad se impone de nuevo a la demagogia.

El mundo está iniciando la transformación histórica: de un modelo económico movido por energías fósiles (carbón, derivados del petróleo y gas), hacia otro modelo cuyo motor todavía no tenemos claro cuál será. Y, en tanto no haya un salto cualitativo en baterías eléctricas o no se produzca hidrógeno a escala industrial y pueda manejarse sin riesgo o no se domine la fusión nuclear, no hay alternativa barata a las muy eficientes energías fósiles. 

Pero no se puede esperar más para llevar a cabo esta transición, aunque el cambio de modelo energético tenga costes: por un parte el de las emisiones de carbono que, aplicando el principio de que quien contamina paga, está encareciendo el uso de las energías fósiles; por otra, el coste de los sistemas complementarios para las energías renovables que no dependen de nuestra voluntad sino del viento, el sol o la lluvia.

De momento, una forma de aminorar el coste de la transición es utilizar inteligentemente la energía; esto significa ahorrar lo que sea posible aceptando que un precio alto es el mejor incentivo para el ahorro y, en el caso de energías no acumulables como la electricidad, ajustar el consumo a los momentos de menor demanda.

En resumen, que no parece coherente exigir ahora electricidad barata si lo que queremos es eliminar rápidamente de nuestra matriz energética las fuentes de energía contaminantes, a la par que finitas. 

PM/15.06.21